Paseos y excursiones

La mística del Puente del Inca en Mendoza

Sin duda alguna Mendoza es una provincia ideal para hacer una escapada y viajar. Ofrece cientos de lugares para recorrer, explorar y visitar, además de garantizar tranquilidad, rélax, aventura y diversión.

Entre los magníficos lugares que atesora, está el reconocido Puente del Inca. Ubicado en la Cordillera de Los Andes, en el noroeste de la provincia y sobre el río Las Cuevas, este puente rocoso posee atractivos baños termales de numerosas vertientes naturales, que lograron consolidarse como uno de los puntos más atractivos para turistas de todo el mundo.

Este místico y curioso lugar, se encuentra 183 km de la capital mendocina, y a 2.700 metros de altitud sobre la Cordillera de los Andes, entre los cerros Banderita Norte y Banderita Sur, en el distrito Las Cuevas. El Puente del Inca es un punto turístico que nadie puede dejar de admirar y disfrutar.

Además de poseer un impactante paisaje de tonos amarillos, marrones y anaranjados por la permanente recepción de azufre, en el Puente del Inca hay fantásticas piletas termales,  por donde corre agua mineralizada, de componentes curativos. Son miles las personas que viajan a este hermoso lugar para bañarse en estas aguas, para dar un recorrido por los puestos artesanales o degustar una rica comida. El clima en esta área es caluroso en verano, y muy frío en invierno, por lo que comer un rico plato de lentejas, o una comida calentita y enérgica, nunca está de más.

Según algunos datos históricos, fue paso obligado de viajeros y correos a Chile y del Ejército de los Andes en la campaña de 1817. Se considera que el Puente del Inca debe su nombre a las visitas frecuentes que realizaban al lugar los indígenas de esta cultura, atraídos por las propiedades curativas de sus aguas.

Leyenda del Puente del Inca

Hace muchos años, el heredero del trono del Imperio Inca, estaba a punto de morir de una extraña enfermedad. Las curas, rezos y recursos de los hechiceros, no podían devolverle su salud. El pueblo amaba intensa y entrañablemente al príncipe de los Incas y, en cierto momento, convocaron a los más grandes sabios del reino, que afirmaron que sólo podría sanarlo el maravilloso el maravilloso poder de una vertiente ubicada en una lejana comarca. Así, decidieron salir en una numerosa caravana venciendo infinidad de dificultades, y marchando durante meses.

Un día, se detuvieron sobre una profunda quebrada en cuyo fondo corrían las aguas de un tempestuoso río. En frente, en el lado opuesto, se observaba el codicioso manantial. Meditaron mucho tiempo buscando la forma de llegar hasta las milagrosas aguas, pero todo era en vano. Cuando ya la desesperación los dominaba, pasó algo extraordinario: de pronto se oscureció el cielo, tembló el piso granítico y vieron caer desde las altas cimas, enormes moles de piedra que produjeron un estrépito aterrador. Pasado el estruendo y más calmado el ánimo, los indígenas divisaron asombrados un puente  que les permitía llegar sin dificultad  hasta la fuente maravillosa. Trasportaron hacia ella el príncipe, quien bebió de sus aguas, y prontamente recuperó su salud.

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