Paseos y excursiones

La historia del Casino Central de Mar del Plata

Ubicado en la rambla homónima, el Casino Central de Mar del Plata, forma junto con el Gran Hotel Provincial un conjunto monumental, ícono principal de la ciudad.

Declarado Patrimonio Histórico Nacional, el Casino de Mar del Plata es uno de los más grandes del mundo por su extensión y un símbolo de la ciudad frente a la playa Bristol. En esta nota te contamos más sobre la historia del Casino Central de Mar del Plata, y la importancia del mismo desde su creación.

Fue construido entre 1938 y 1940 y diseñado por el arquitecto Alejandro Bustillo, quién se ocupó también del amoblado junto con la Casa Comte y el diseñador francés Jean-Michel Frank. El edificio posee un estilo ecléctico con reminiscencias al estilo Luis XIII. El frente está revestido en piedra Mar del Plata y ladrillo a la vista y posee mansardas de pizarra francesa.

Para que el Casino Central fuese construído, se tuvo que demoler la antigua rambla que el turismo y locales disfrutaban tanto. Fue inaugurado el 22 de diciembre de 1938.

En los primeros tiempos sólo tenía acceso a sus espléndidas salas la más alta burguesía porteña y bonaerense. Los trajes y vestidos de gala eran excluyentes. Hoy, la vestimenta habilitada y las clases sociales se pueden juntar en algunas de las mesas, aunque otras siguen destinadas sólo a los que puedan contar con sumas considerables para jugar a suerte y verdad.

La historia dice que cuando el casino se trasladó al Bristol Hotel, cerca de 1890, algunos de sus asiduos concurrentes eran Carlos Pellegrini, por entonces vicepresidente de la Nación y vecinos ilustres de la ciudad, como Pedro Luro o Saturnino Unzué. Cuentan que cierta noche, de improviso, se hizo presente en el lugar el jefe de la policía local y le aplicó a Pellegrini la ley de juego.

Eran los años de la belle èpoque, cuando las clases altas traían de Europa un estilo de vida marcado por el lujo y la ostentación. Y Mar del Plata se iba convirtiendo en el lugar de veraneo elegido por esa clase social. Los técnicos Juan y José Lasalle habían trabajado para la Sociedad del Casino de San Sebastián y llegaron a la Argentina, con la ruleta, contratados por José Luro, hijo de don Pedro Luro. Esa fue la que terminó funcionando en el Bristol Hotel.

En Mar del Plata se podía jugar, pero eso mismo estaba prohibido en la ciudad de Buenos Aires. En 1910, en el Club Mar del Plata, se instalaron mesas de juego atendidas por croupiers franceses y españoles. Dice que, todos los días, los poderosos se jugaban fortunas, sobre el verde tapete reclinados.

Muchos años después, con el peronismo, el negocio del juego pasó a ser patrimonio del Estado, aunque las empresas privadas nunca dejaron del todo el negocio.

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